Música electrónica: crónica, creación y estilos
Los jóvenes se juntaban a bailar en lugares extraños y a veces con cierto aire de misterio... fábricas abandonadas o espacios verdes alejados del centro de la ciudad. Eran como pequeños conciertos con el ánimo de Woodstocks, pero sin escenarios y sin guitarras, solo pinchadiscos o músicos que usaban máquinas y samplers como herramientas, poniendo música para que la gente bailara.
El siglo XX llegaba a su última curva. La música, como tantas otras expresiones, también mostraba signos de que algo debía pasar.
El rock había sido uno de los grandes fenómenos que influenciaron los oídos y las actitudes de varias generaciones que crecieron a su luz. Aire nuevo, gritos de libertad, planteos sociales, lucha contra sistemas opresores, defensas masivas del amor, etc etc. Estas y muchas otras cualidades mostraron el rock y sus derivados durante varias decenas de años.
Pero la segunda mitad de la década de los noventa mostraba un cierto vacío; el rock, ya convertido en parte de lo establecido, evidenciaba signos de pereza, repleto de actitudes y síntomas a los que el propio rock se enfrentaba en sus raíces: prejuicios, burocracia, fórmulas consumistas, recetas compositivas rígidas, y hasta machismo y xenofobia.
Durante esos últimos años del milenio anterior, en el sur del mundo (Buenos Aires) empezamos a tener noticias de que algo estaba sucediendo con la música en Londres y en algunos otros puntos europeos caracterizados por marcar tendencias. Estaba vinculado con la música de discotecas de los 70 y 80 pero con una vuelta de tuerca en cuanto al contexto y al impacto social.
Los jóvenes se juntaban a bailar en lugares extraños y, a veces, con cierto aire de misterio... fábricas abandonadas o espacios verdes alejados del centro de la ciudad. Eran como pequeños conciertos con el ánimo de Woodstocks pero sin escenarios y sin guitarras, solo pinchadiscos o músicos que usaban máquinas y samplers como herramientas, poniendo música para que la gente bailara.Un nuevo código
Empezaron a gestarse también en Buenos Aires algunos rincones con esas características y de a poco la propuesta fue ganando lugares y adeptos. Incluso gente impregnada de grandes clásicos del mundo roquero fue soprendiéndose gratamente con este nuevo formato de fiestas y reuniones que trascendían las fronteras literales de la música, para convertirse en un nuevo espacio de convivencia y respeto. Un nuevo código que ignoraba diferencias estéticas, prejuicios raciales o sexuales; el requisito imprescindible: divertirse disfrutando de las libertades individuales respetando a los demás. Tan básico como degradado en otros ámbitos. Entrar a un lugar público, dejar tus pertenencias en un rincón e irte a bailar, para regresar varias horas después y encontrar tus cosas intactas, es un detalle no menor, al menos en el mencionado sur del mundo. No hacían falta las fuerzas de seguridad, no hacía falta un portero que decidiera qué ropa era la adecuada; solo hacía falta adaptarse al básico y valioso código de convivencia. La música como principal protagonista de un juego colectivo, que proponía no hablar demasiado, bailar, y regalar un buen gesto a quien se cruzara por delante.
Hablamos en pasado porque, como casi todo, el paso del tiempo deja huellas y las impurezas van ganando lugar… ya las cosas no son como eran. Hoy podemos encontrar música electrónica en muchos sitios, pero no en todos se puede respirar ese aire distendido y sonriente, aunque los sigue habiendo… Y mientras haya gente que apueste por el respeto y la buena energía, los seguirá habiendo.
El personaje “DJ”
Hablando particularmente de música, y sabiendo que el perfil de la revista no es para expertos melómanos, podemos abordar algunos detalles que pueden ser interesantes a partir de algunas preguntas generales.
¿Quién es este personaje llamado DJ que en otro momento apenas era un empleado más de la discoteca, y ahora se convirtió en protagonista?
Pues, simplemente, es el pinchadiscos que musicaliza el ambiente, solo que en lugar de dedicarse a poner lo que tradicionalmente era la canción de moda para que todos bailen, o seguir la lista de canciones a las órdenes del dueño de la casa, el DJ plantea una propuesta personal. Una idea de sesión, en la que el orden de las canciones que van sonando, y la secuencia de climas, tienen un hilo conductor que maneja la atmósfera del lugar, la velocidad y la intensidad de la reunión… y en algunos casos hasta se cuentan historias, que tienen sus momentos de introducción, de desarrollo y desenlace, todo a través de esas canciones (o fragmentos) que el DJ decide sacar de su maleta y compartir con el resto de los invitados a la fiesta.
¿Por qué se dice que los DJ “tocan” si en su mayoría apenas usan la música que hizo otra persona?
Pues bien, las explicaciones pueden ser varias, intentaremos dar algunas:
En primer lugar se debe a un tema idiomático. En inglés el verbo “play” se usa tanto para quien toca un instrumento como para quien presiona el “play” de un reproductor... En consecuencia, la labor de un dj ubicada en un punto medio entre estas dos acciones, se encuadra dentro de ese mismo verbo.
Apuntando a la parte artística, podríamos mencionar que, aunque la música sea originalmente creada por otra persona, la selección de canciones y el orden de ejecución, el tempo y el momento de la sesión donde suena cada track, son matices que modifican la atmósfera que el mismo track original produce en otros contextos... Todos estos atributos corresponden al perfil que cada dj le impone a sus sesiones. Aunque dos DJ distintos disparen el mismo track, seguramente la resultante en la pista de baile será distinta, ya que el contexto previo y posterior es distinto.
Muchos DJ suelen preproducir material, versionando o editando personalmente los tracks ajenos que utilizan, además de manipularlos en vivo mediante efectos y otra serie de recursos, con lo cual está claro que están reinterpretando y generando una nueva canción, a pesar de que originalmente haya sido creada por otra persona.
El famoso tema de las mezclas es otro gran ingrediente. El oficio de los viejos discjockeys era “enganchar” dos canciones distintas de modo que el cambio fuera agradable y no interrumpiera el movimiento de los que bailan.
Las nuevas generaciones de DJ apoyadas en las nuevas tecnologías, comenzaron a trabajar en estas transiciones entre un tema y otro, y aparece el concepto de “mezclar”... es decir, el tema que está terminando sigue sonando mientras empieza a sonar el nuevo tema. Hay un tiempo de transición donde están sonando los dos temas a la vez... La manera de resolver esta transición y las características de esa mezcla es otro de los atributos que determinan el perfil de cada DJ.
Resistencia a los cambios, característica humana
A mediados del siglo XX, cuando empiezan a hacerse populares las guitarras eléctricas, no faltaba quien decía: “guitarristas eran los de antes... los que tocaban sin necesidad de enchufar nada”. Hoy en día ya sería absurdo tratar peyorativamente a un guitarrista porque procesa su sonido.
Lo mismo sucede en otros planos y actividades; se suele escuchar “los futbolistas ahora solo son atletas; talentosos eran los de antes...”, y está más que claro que “antes” estaban los que jugaban bien y los que no, lo mismo que sucede en el presente.
La música, como cualquier otra actividad, cambia... Hoy contamos con elementos tecnológicos que nos permiten manipular, ejecutar y reinterpretar sonidos a través de nuevas herramientas, bienvenidas ellas. De todas formas, el valor artístico siempre estará en la capacidad humana y en el talento que cada uno le pone a su trabajo.
Las discusiones entre viejos formatos y nuevos formatos no solo se dan fuera de la música electrónica, sino también dentro de ella.
Las miradas conservadoras, que se estancan añorando el pasado y se niegan a disfrutar de la lógica evolución de las cosas, se dan también en los pasillos internos de la música electrónica.
Herramientas electrónicas
En el comienzo de la actividad, la herramienta utilizada era la bandeja giradisco, único elemento disponible para reproducir el único formato en que se editaba música: vinilos.
Dos bandejas y un mixer eran las herramientas imprescindibles de una cabina de discjockey.
La aparición de nuevos formatos, primero los CD y luego la informática aplicada a la música, hizo que las posibilidades y las variantes en las herramientas de una cabina fueran innumerables.
Reaparecen entonces, una vez más, las benditas viejas discusiones: ¿es mejor un DJ que utiliza vinilos o los que trabajan con formatos más nuevos y tecnología digital?
Una vez más, la respuesta no tiene que ver con los formatos de trabajo; la respuesta de qué DJ será mejor tiene que ver con la capacidad y los atributos del DJ más allá de las herramientas que utiliza.
Mezclar con platos y vinilos requiere de una gran técnica, y la complejidad para obtener un buen resultado es mayor que la que se nos presenta mezclando vía software o elementos digitales. De lo que se desprendería que los DJ de mayor nivel son aquellos que utilizan las herramientas tradicionales, pero esto lo deberíamos mirar desde otros ángulos antes de llegar a una conclusión final.
Desde los oídos de quien está en una fiesta, ¿cuán importante es si el DJ tiene mayor o menor complejidad en realizar su trabajo? Lo que el público percibe es si la música le agrada o si la selección de temas y el desarrollo de la sesión le invita a bailar, y no cuánta dificultad tiene el DJ para pinchar. Por otro lado, se puede plantear la problemática de la edición de la música, es decir, hoy en día el 90% de la música se edita solo en formato digital, con lo cual si la decisión es pinchar solo con vinilos, el espectro de música disponible se reduce considerablemente.
Se pueden mencionar también algunas pequeñas diferencias en el sonido propiamente dicho al reproducir un vinilo o un CD o un archivo digital, pero es un tema muy puntual y termina siendo una subjetiva cuestión de gustos.
Resumiendo: entre los principales atributos del DJ, que hacen su calidad, no deberíamos poner el foco en la complejidad del manejo de sus herramientas, sino en otros factores que caracterizan su desempeño artístico: carisma, selección de temas, criterio de mezclas, manejo de la sesión, manejo de la pista, etc. Todas cualidades humanas, más allá de los formatos y herramientas.
El gusto termina siendo el factor primordial para que como espectadores, oyentes y bailarines, elijamos al artista que nos agrada escuchar.
La música electrónica hoy ya entrada la segunda década del siglo XXI, podemos decir que la música electrónica, y el movimiento que la acompaña, ha pasado por varias etapas… Desde la novedad y la rareza de sus comienzos, el concepto minoritario y vanguardista se fue convirtiendo en un producto masivo, expandiendo sus espacios a casi todos los rincones del mundo. Tanto en Occidente como en Oriente, hay innumerables ciclos de música electrónica y festivales multitudinarios (por ejemplo en Japón, son famosas las sesiones de doce horas de DJ provenientes de sellos ingleses). Pasada la etapa de expansión, el presente muestra una reducción en el consumo masivo de electrónica; la movida parece haber alcanzado un cierto grado de madurez, como si el hecho de que ya no sea novedad haya filtrado asistentes que solo acudían impulsados por una moda pasajera. Los espacios son más estables en cuanto al perfil de música que proponen y la gente asiste a los sitios eligiendo en función de gustos y afinidades con los diferentes estilos.
Londres sigue siendo un punto de clásicos, y Berlín, como sucede en casi todas las expresiones artísticas de las últimas décadas, es vertiente de talentosa sangre joven y un sonido innovador.
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